El día que conocí a Jorge Luis Borges

Hay momentos en la vida de un coleccionista que quedan guardados no solo en los estantes de una biblioteca, sino en el alma. 

Este es el relato de cómo una tarde de paseo por Buenos Aires se transformó en un encuentro cara a cara con el máximo exponente de la literatura argentina, y cómo ese instante quedó sellado para siempre en las páginas de un libro.

El epicentro cultural de los 70: La Galería del Este

El día que conocí a Borges en la librería La Ciudad

Corría el año 1974 y las calles de Buenos Aires respiraban un aire de ebullición cultural único. En uno de mis recorridos habituales por el centro porteño, me encontraba paseando por la mítica Galería del Este, un verdadero refugio para intelectuales, artistas y amantes de las letras. 

Caminando por sus pasillos, llegué casi hasta la salida que da a la calle Maipú 971. Sabía, como casi todo el mundo en esa época, que a escasos metros de allí, en un departamento sobre esa misma calle, vivía Jorge Luis Borges junto a su madre, Leonor Acevedo.

Al pasar por la emblemática Librería La Ciudad, algo capturó mi atención de forma magnética. La vidriera principal estaba completamente dedicada a un lanzamiento editorial que marcaría un hito: el imponente tomo verde de las Obras Completas (1923-1972) editado por Emecé. 

Fascinado por la magnitud de la obra, decidí entrar a comprarlo. Lo que no imaginaba era el tesoro humano que custodiaba el lugar.

Un escritorio, un bastón y una leyenda

Al ingresar a la librería, la realidad pareció detenerse. Sentado, completamente solo en su pequeño escritorio, se encontraba la mítica figura de Jorge Luis Borges. 

El escritor solía frecuentar el local casi a diario; era su espacio de café, pensamiento y cercanía con los lectores.

Con el ejemplar recién adquirido en mis manos, vencí la timidez y me acerqué. Le pedí si sería tan amable de autografiarlo. 

Con una generosidad absoluta, tomó el bolígrafo y estampó su firma limpia y eterna en la portadilla interna. 

Lo que iba a ser un trámite de segundos se transformó en una charla de varios minutos. 

Borges se mostró tal cual lo recuerdan las crónicas de la época: gentil, profundamente amable, educado y dueño de una personalidad descomunal que llenaba el espacio con su sola presencia. 

Salí de La Ciudad no solo con un libro invaluable, sino con el peso histórico de haber conversado con un genio.

Conexiones del destino: Rivas, Kodama y las letras de Provincia

El destino literario suele tejer redes invisibles pero perfectas. Los años me regalarían una conexión entrañable con el universo borgeano a través de un gran amigo y hermano del alma: el escritor José Andrés Rivas.

De joven, compartimos vivencias inolvidables cuando residíamos en General Belgrano. 

Rivas no era un testigo ajeno a esta historia; en su juventud en Buenos Aires, había sido alumno directo de Borges y compañero de estudios de María Kodama (cariñosamente llamada "Mecha" por sus amigos íntimos).

La calidad literaria de Rivas estaba signada por la excelencia. Un hito que siempre recuerdo con orgullo ocurrió cuando su cuento breve titulado "Elizabeth" —una maravillosa obra de ficción cuya trama transcurría y cobraba vida en el recordado tren local de la línea 10— se consagró ganador del prestigioso Premio Antonio Machado, otorgado por la fundación de los ferrocarriles españoles (RENFE).

Una joya bibliográfica documentada

Obras Completas de Jorge Luis Borges, firmada por el autor

Hoy, el ejemplar de las Obras Completas de 1974 descansa en el catálogo de El Coleccionista. 

En su interior, conserva intacta la tinta azul de la firma de Borges; en su solapa posterior, luce la etiqueta metálica original de la Librería La Ciudad. 

Más allá de su altísima cotización en el mercado bibliófilo internacional, este libro es el testimonio físico de una tarde irrepetible, un puente hacia la memoria de mi querido amigo Rivas y una de las páginas más doradas de este museo virtual.


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